La pelota no se mancha

Recientemente el fútbol argentino vivió un nuevo escándalo, este, sin duda alguna, atenta contra todos los principios del deporte, los derechos humanos, la ética y la moral. Todo se dio a conocer gracias al testimonio de un canterano de un importante equipo de Avellaneda. El joven jugador, residente de la pensión del club, le contó al psicólogo del plantel que él y dieciséis compañeros eran víctimas de una red de prostitución manejada por otro jugador de la cuarta división. Es inadmisible que dentro de una organización que trabaje con jóvenes y promueva el bienestar a través del deporte, se den estos casos que atentan contra los derechos fundamentales. No se puede entender como los dirigentes no tenían información sobre lo que estaba sucediendo. Además, al parecer, no sería el único equipo en estar involucrado con este tipo de actividades.


Es difícil creer que detrás de algo tan lindo como lo es el deporte, que lleva a tantas cosas buenas, haya algo tan oscuro. Al parecer, esta realidad que pudiera parecer ajena y aislada, hace parte del diario a vivir de los jóvenes soñadores, que ven en el deporte un escape a la pobreza y la oportunidad de sacar a sus familias adelante. Lo más irónico, es que los clubes sólo han tenido intenciones de palabra, no han hecho nada para arreglar esto.

No se puede explicar que en un país como Argentina, donde el fútbol es casi una religión, sucedan hechos que atenten contra la dignidad, el bienestar y el respeto de una persona, aún más cuando estos son niños de once a dieciocho años. Pareciera como si la antítesis de lo que es el deporte, se estuviera convirtiendo en una realidad, que al parecer, muchos aceptan y la ven como algo normal.

Toda esta situación puede resumirse en una frase del periodista argentino Roberto Parrottino cuando fue consultado por el diario Sputnik acerca de por qué se da del abuso sexual en el fútbol: “La argentina es una sociedad de arrastre”. Con esto podemos aseverar que existe un problema social, que va desde las personas más adineradas hasta las más necesitadas, en donde el poderoso se aprovecha de la condición del vulnerable. Es injusto e inhumano que para cumplir un sueño, los jóvenes deban pasar por todo esto.

Lo más duro de asimilar de todo, es que en el caso de un prestigioso club de Buenos Aires, según las declaraciones de la denunciante de estos abusos, que era una médica del club, los mismos dirigentes no le prestaron atención y le dijeron que no se metiera en el tema. Tiempo después sería desvinculada del equipo. Se puede evidenciar que la cultura del abuso y la imposición es aceptada por gran parte de la sociedad y más cuando se trata de jóvenes que vienen de familias humildes, que al parecer no tienen voz ni importancia.

Lo más preocupante de esto, es que parece ser un tema reciente, pero no lo es. Existen registros de abusos en el fútbol argentino desde 1987, cuando el ex técnico de San Lorenzo, Héctor Veira, intentó violar a un niño de 13 años que le pidió un autógrafo. Lo impactante es que el tema fue tomado de manera jocosa y las mismas hinchadas hicieron cánticos aludiendo a la inclinación sexual del entrenador. Esto demuestra el lado sucio del fútbol.


Las declaraciones de Ariel Holan, técnico de Independiente confirman lo antes aseverado: "Desgraciadamente, no me sorprendió. Esto es algo que está tapado y es un problema de la sociedad, como la droga, el alcohol o la trata de personas. Esto no es un tema del deporte o de Independiente". Pareciera que no fuera fútbol, sino fraude. La AFA debería replantear cómo se están manejando las cosas, porque se está perdiendo la esencia del deporte, todo está siendo inclinado a lo material y no a la persona.

Es inadmisible que se juegue con los sueños de un niño aprovechando su condición de vulnerabilidad, lo más triste de todo es que puede que algunos de los victimarios paguen cárcel, pero el daño psicológico es muy difícil de superar. Además de esto, se le vuelve hacer honor a la cultura del miedo y el dinero, por la cual se rige la sociedad.

El futuro es incierto. Aún no se sabe cuál será la repercusión de un escándalo de esta magnitud en un país el cual miles de niños y niñas sueñan con ser futbolistas profesionales. No podemos dejar que el tema del abuso se naturalice en nuestra sociedad, debemos generar consciencia y hacer respetar a las personas sin importar su condición. Después de todo, como alguna vez dijo el gran Diego: “la pelota no se mancha” y esto es lo que siempre debe primar.

Por: David Martínez E. (@davidmartinezec)

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